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Por qué soy fóbico social

Investigaciones recientes dicen que la ansiedad social puede sobrevenir como consecuencia de un desequilibrio químico en el cerebro, el cual surge por una distribución anormal de ciertas sustancias químicas (serotonina, dopamina, noradrenalina o GABA) a través de las neuronas o células cerebrales. Esta distribución anómala haría que el fóbico social sienta miedo por todo, mientras que otras personas solamente lo hacen en determinadas situaciones.

Existe evidencias de que también hay factores genéticos involucrados, aunque se desconoce todavía con seguridad por qué algunas personas la desarrollan y otras no. Asimismo pueden influir causas sociales o ambientales tales como una educación muy exigente, rechazo en la infancia por parte de compañeros de escuela, experiencias traumáticas vividas en el pasado o un ambiente familiar sobreprotector.

Tanto las mujeres como los hombres tienen la misma probabilidad de desarrollar este trastorno, el cual normalmente se inicia en la infancia o al comienzo de la adolescencia. La persona con ansiedad social suele tener una baja autoestima. Habitualmente, se autoexige demasiado y es muy vulnerable ante las opiniones de los otros.

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Por qué es importante difundir los síntomas y características de la fobia social

Porque el alto desconocimiento que tiene gran parte de la población sobre esta enfermedad lleva a que este trastorno esté subdiagnosticado y subtratado. Además, la falta de ayuda generalmente provoca que acabe por convertirse en un cuadro crónico con una alta prevalencia. En muchos casos desencadena síntomas depresivos y suele estar asociada con otros trastornos psiquiátricos. Es por este motivo que resulta primordial difundir sus síntomas y características entre la población para promover la posibilidad de un diagnóstico y tratamiento tempranos, que resulta vital para su superación.

Se trata de un trastorno caracterizado por generar un temor intenso ante la posibilidad de ser evaluado negativamente por otras personas o a hacer el ridículo en público. Quienes padecen fobia social poseen un fuerte deseo de agradar al tiempo que tienen la sensación de carecer de recursos para conseguirlo y desarrollar nuevas relaciones. Por ello, se sienten ansiosos cuando interactúan con desconocidos. Se manifiesta generalmente en plena adolescencia, aunque también se pueden detectar rasgos de ansiedad social en el temperamento desde la infancia. Sus consecuencias pueden afectar todas las áreas de la vida de una persona. Y si bien puede persistir a lo largo de la vida, también puede presentarse una remisión total o parcial al llegar a la edad adulta.

Asistir a reuniones sociales, rendir en exámenes orales, dar exposiciones, participar en clase o hablar en público son actividades que generan mayor o menor ansiedad a todo el mundo. No obstante, para otras representan un muro infranqueable, verdaderas pesadillas que causan miedo, estrés y ansiedad. Como consecuencia, les resulta extremadamente difícil enfrentarse a estas situaciones y acaban paralizadas: temblores, palpitaciones, mareos, la mente en blanco… Igualmente, intentan ocultar estos síntomas porque les resultan vergonzantes. Incluso evitarán el contacto con desconocidos para no tener que sufrir la ansiedad que les produciría tener que conversar con ellos.

Cómo acudir a una fiesta si sufro fobia social

“Soy un aburrido, nadie me encuentra atractivo…”. La fobia social es el miedo a situaciones que nos obligan a interactuar con otros. A ese tipo de pensamientos (y muchos más) que entrecomillamos hay que añadir que, además, no solo nos aturden sino que nos causan sudoración, palpitaciones, la boca se queda seca, etcétera. La gran mayoría de afectados necesitan ayuda profesional pero si todavía no te has decidido acudir a un especialista, aplícate estos consejos para intentar amortiguar la situación y tratar de pasártelo bien a pesar de todo, porque huir de ese tipo de experiencias no es el mejor remedio para mejorar nuestra vida. Así que la primera recomendación es resistir la tentación de cancelar. Es lo más sencillo, y habitual, mandar un mensaje y decir que nos ha surgido un compromiso y que no podremos asistir. Probablemente se sentirá un alivio inmediato después de hacerlo pero todo esto solamente servirá para reforzar la necesidad de evitar esos compromisos e irá creándonos un mundo cada vez más chiquitito. Además de que los síntomas acabarán empeorando si nos aislamos. No importa cómo nos sintamos, hay que ir a esa fiesta. Mientras más situaciones sociales enfrentemos más cómodo nos sentiremos en ellas. Para forzarnos a ir podemos probar a invitar a alguien cercano que nos ayude a pasar mejor el trance.

Ve dispuesto y ensayado para empezar conversaciones. Las personas con fobia social suelen temer no encontrar a nadie para hablar o no ser capaces de entablar una conversación real. Lo mejor es tener en mente algunos tópicos para seguir una charla o, incluso, para comenzarla. Por ejemplo, una buena serie de televisión, un tema no demasiado conflictivo, o algo que te guste y que domines.

Hazte el firme propósito de hablar con al menos tres desconocidos. Ir a un evento y hablar tan solo con la persona que conoces no ayudará a combatir y vencer la ansiedad. Hay que sobreponerse y proponerse charlar con personas nuevas al menos cinco minutos con cada uno de ellas.

No bebas mucho ya que aunque pueda parecer que el alcohol nos abre y que superamos el miedo en menos tiempo, lo que de verdad pasa es que cada vez necesitaremos más bebida para alcanzar ese estado de sociabilidad porque el cuerpo se habituará y creará tolerancia al alcohol. Podemos encima comenzar a tener otro tipo de problemas en las fiestas y que nos dejen de invitar. La culpa vendrá provocada por beber pero nuestra ansiedad nos dirá que es por nuestra forma de ser y eso no ayudará a que mejoremos con la fobia social.

Si en medio de la fiesta nos sentimos abrumados, hay que sentarse tranquilamente y esperar a que se nos pase. La ansiedad no nos va a matar y los síntomas durarán alrededor de un cuarto de hora. Saberlo ayudará a poner la ansiedad en perspectiva y relativizar el mal estado en que nos hallemos.

Los niveles de serotonina en la ansiedad social (últimos estudios)

Mucha gente se pone nerviosa si ha de hablar delante de público o socializar con los otros. Si esta ansiedad se convierte en una discapacidad, puede significar que la persona sufre fobia social, y entraríamos de lleno en un trastorno psiquiátrico. Sobre la base de análisis previos, se pensaba que las personas con esta fobia tenían muy poca serotonina y que los compuestos de ISRS (medicamentos habitualmente usados en su tratamiento) elevaban la cantidad de serotonina disponible. Sin embargo, nuevos descubrimientos indican que un exceso de serotonina es parte de la razón subyacente. La serotonina puede aumentar la ansiedad y no disminuirla, como previamente se asumía a menudo. Este hallazgo es un gran paso hacia adelante en lo que respecta a la identificación de los cambios en los mensajeros químicos del cerebro en las personas que sufren de ansiedad social. Investigaciones anteriores han demostrado que la actividad nerviosa en la amígdala es mayor en las personas con fobia social y, por lo tanto, ese centro del miedo del cerebro es más sensible. Así, encontraron que los pacientes con fobia social producen un exceso de serotonina en una parte del centro del miedo en el cerebro, la amígdala. Una célula nerviosa envía señales usando la serotonina. Primero libera serotonina en el espacio entre las células nerviosas. La señal nerviosa surge cuando la serotonina se une a la célula receptora. La serotonina es liberada después desde el receptor y se bombea de nuevo a la célula original. Las personas con fobia social no sólo producirían más serotonina que las que no tienen un trastorno de este tipo, sino que también bombean más serotonina. Se sospecha que es un intento de compensar el exceso de serotonina activa en la transmisión de señales.

La ansiedad social me va a volver loco

Los episodios de angustia característicos de la fobia social no tienen relación alguna con la posibilidad de sufrir un brote psicótico. Algunas personas, cuando han sufrido experiencias muy desagradables relativas a esta problemática, han creído que estaban experimentando algún tipo de trastorno psicótico. La sensación de irrealidad, taquicardia, confusión mental, enrojecimiento, sudoración… o incluso alteraciones de la visión pueden hacer creer que algo se ha roto en nuestra cabeza. Pero estos síntomas tienen una explicación con base fisiológica: una anormal activación del sistema nervioso. Es muy recomendable acudir a un buen especialista y no demorar en el tiempo la ayuda ya que la fobia social no es necesariamente algo permanente o incurable. Diversas investigaciones apuntan que, sin un tratamiento eficaz, puede adquirir un carácter crónico pero, al igual que otras enfermedades mentales, puede ser superada si se procura atención psicológica. El tratamiento farmacológico exclusivo no es el más eficaz. Es cierto que, cuando se decide acudir al médico, la persona suele presentar un estado anímico muy decaído y otros síntomas ansiosos. Es muy probable salir de esta primera visita con recetas de antidepresivos y ansiolíticos. La administración de medicamentos sin atención psicológica mitiga los síntomas, pero no produce mejoras viables en el tiempo. Y aunque es más costosa para el paciente, y no sólo en el ámbito económico, la psicoterapia ofrece resultados positivos y duraderos en el tiempo. Eso sí, dependiendo del grado de severidad y la afectación funcional, puede ser conveniente combinar el tratamiento psicológico con otro de tipo farmacológico.

No todo es malo en la fobia social

Dejando por supuesto claro que sufrir esta enfermedad no es nada agradable, ¿sabías que los científicos están de acuerdo y afirman que quienes la padecen son más inteligentes? Investigaciones publicadas han comprobado que estas personas alcanzan un coeficiente intelectual más elevado que los pacientes “sanos“. Algunos motivos del porqué serían los siguientes: Sus mentes trabajan constantemente y descansan poco. Son atentos y están alertas a las amenazas. Son extremadamente empáticos. Son pensadores lógicos. Sobreanalizan absolutamente todo: los comportamientos propios y los de los demás, las situaciones que ocurren a su alrededor y los comentarios que reciben, incluso los cumplidos.

He aquí algunos consejos para ayudar a quienes deseen entrar en contacto con alguno de estos “genios ocultos”: No trates de entender lo que les sucede. Son conscientes de que sus reacciones son irracionales y tal vez exageradas, no deberías mencionarlo. Pedirles que se calmen será prácticamente inútil. En su lugar, pregúntales si les gustaría ir a un lugar más calmado o recuérdales que ya han superado situaciones similares anteriormente y que volverán a hacerlo. No los identifiques solamente por su enfermedad. No los expongas a situaciones abrumadoras o estresantes.

La fobia social en los genes de hombres y mujeres

El motivo del padecimiento de la fobia social, que puede afectar anualmente entre el 2 y el 5% de la población, como en muchos otros trastornos psiquiátricos, es de momento desconocida; pero sí se ha conseguido demostrar cierta base genética. Así, ya se conoce que los familiares directos tienen entre dos y seis veces más posibilidades de padecer este trastorno.

La ansiedad social suele empezar tras la pubertad, aunque cierto grado de timidez puede ser considerado normal. En la fobia social persiste más allá de esta etapa con una afectación progresiva durante la edad adulta con mayor ansiedad y reducción de actividades por lo que suele ser el mejor momento para plantearse seriamente la posibilidad de tratamiento.

La fobia social es más habitual en las mujeres, aunque son los varones los que acuden con mayor frecuencia al especialista. Es probable que medie la persistencia de factores culturales, sociales y laborales en esta diferencia entre sexos. De cualquier forma, tanto en hombres como en mujeres existen grandes diferencias estadísticas entre los numerosos casos detectados en los estudios de campo y el reducido grupo que se anima a acudir a los profesionales para tratarse.

Ya hemos hablado en otras ocasiones de que la fobia social incluye el miedo a hablar delante de desconocidos, o simplemente ante la posibilidad de ser objeto de miradas por el temor a equivocarse, tropezar o hacer algo inadecuado y ser objeto de vergüenza o humillación. Pero en ocasiones más graves este miedo lleva a esas personas a recluirse en sus hogares o ingerir altas dosis de bebidas alcohólicas o ansiolíticos para poder enfrentarse a las circunstancias temidas con el riesgo implícito de presentar las complicaciones de dicho consumo. Muchos pacientes rehúsan a acudir a su médico para hablar del asunto por pudor o por entender que su problema no tiene solución, su mayor error ya que no es verdad que no haya altas probabilidades de curación. Es más, es altamente recomendable realizar un abordaje precoz para evitar la cronicidad del problema y las complicaciones con otros trastornos psiquiátricos como depresión, trastorno por ansiedad generalizada, o agorafobia.

Por qué no reconozco que tengo fobia social

Más de un tercio de las personas que sufren trastorno de ansiedad social tardan ¡diez años o más! en acudir simplemente a un médico para que le atienda por los síntomas. Este tipo de pacientes tienden a pensar que la ansiedad desaparecerá con el tiempo… pero esa actitud no es más que un craso error, que no hará más que agravar el problema. Y es cierto que algunos síntomas pueden ser parecidos a un caso de nervios, por lo que es relativamente fácil que un cuadro de ansiedad social pase desapercibido, pero estamos hablando de personas infelices por el tipo de vida que este trastorno les fuerza a llevar. Y qué decir de lo de acudir a un psicólogo, eso para muchos puede estigmatizarlos en sus pensamientos haciéndoles sentir como una especie de bichos raros. Un error todavía más mayúsculo que el anterior pues la única manera real de mejorar es pedir ayuda… y 2/3 lo hacen, ¿y tú no? Es absurdo pues hoy en día existe la terapia cognitiva, los psicólogos… ¡Aprovechémoslo!

Las manifestaciones físicas de la ansiedad social incluyen la sensación de palpitaciones, sudor, falta de aire y mareos. También todos los seres humanos experimentamos incomodidad, incertidumbre o timidez cuando nos enfrentamos a una situación social nueva, pero la ansiedad social va más allá y tiene un impacto particularmente fuerte en la vida social de alguien. Las personas que sufren fobia social dejan de acudir a eventos, evitan pasar tiempo en grupos grandes o no se atreven a ir de compras. Incluso no salen de su hogar ni son capaces de encontrar un empleo porque tienen creencias y pensamientos distorsionados sobre la realidad.

Hoy en día también se emplea la tecnología y la terapia con vídeos para poder ayudar a los pacientes sin necesidad de que salgan de casa. ¡No hay excusas! Si una persona sospecha que está experimentando fobia social, debería consultar a un buen profesional. ¡Por qué dejarlo para dentro de una década y desperdiciar este tiempo precioso para salir del pozo! ¡Por qué seguir sintiéndonos mal si podemos comenzar a sembrar la semilla de un porvenir mucho mejor! La vida está ahí esperando, ¡por qué esa insistencia de algunos en tirar diez años… o una vida completa!

Lo recomendable es acudir a un experto en trastornos de ansiedad. Un buen indicador de que se ha encontrado al especialista adecuado será el sentirnos cómodos con esa persona. Recuerda que en este problema los tratamientos y la terapia pueden tardar en hacer efecto. No hay que engañarse tampoco ni crearse falsas expectativas: la curación no es flor de un día, cada caso es diferente… pero sí es posible un tratamiento exitoso y no tirar años y años de existencia personal por la borda. Sólo hemos de mentalizarnos de que el primer paso para mejorar es informarnos de manera adecuada ¡y pedir ayuda!

Qué posibilidades tengo de superar mi fobia social

Aunque este es un trastorno que se inicia en muchos casos en la infancia o la adolescencia, no menos de una de cada diez personas experimentará a lo largo de su vida fobia social, es decir, sufrirá ansiedad al enfrentarse a situaciones sociales o actuaciones en público por miedo a hacer el ridículo, a que resulten embarazosas, a no saber cómo comportarse o qué diablos decir. En muchos casos, quienes padecen fobia social no buscan la ayuda de un especialista o dejan pasar demasiado tiempo antes de hacerlo, lo que agrava enormemente el problema, que cada vez va limitando más su asistencia a actos de sociedad e interfiriendo con su vida familiar y laboral. Mal hecho porque, aunque cada persona es un mundo y todos pensamos que nuestro grado de fobia es mayor que el del vecino, según estadísticas alrededor de siete de cada diez pacientes que acuden a un buen psicólogo cognitivo conductual consiguen manejar con éxito los síntomas de la fobia en alrededor sólo de medio año de terapia. Y los resultados se mantienen a largo plazo, como corrobora el seguimiento, porque la terapia incluye el aprendizaje de estrategias para manejar los problemas de ansiedad que acompañan a la fobia social. Por eso, si sufres de fobia social te animamos encarecidamente a que no dejes que el problema se enquiste y se convierta en un muro infranqueable. Poniendo un poco de nuestra parte, cueste más o menos, soluciones hay. ¿No lo vas a intentar?

¿Fármacos o psicoterapia? en la fobia social

La ansiedad causada por la fobia social suele tener un mejor pronóstico, ya que el tratamiento resulta bastante efectivo en estos casos. Este trastorno se suele aborda con psicoterapia -terapia cognitivo conductual-, combinada con tratamiento farmacológico -como benzodiazepinas y antidepresivos-, según el caso al que el especialista se enfrente. Los fármacos pueden ser útiles a corto plazo, para controlar cierta sintomatología, pero la psicoterapia es fundamental. Además, ciertas técnicas pueden ayudar a manejar los síntomas asociados a este tipo de trastorno. Las de relajación, así como la práctica de disciplinas como el yoga, pueden ayudar a controlar la parte más física de la ansiedad social.

Mientras te pones en manos de un especialista: Recuerda que una vez que se da la situación que te paraliza, tus pensamientos entran de forma obsesiva en bucle, lo que te impedirá avanzar y salir de ese pozo. Para ello, haz un ejercicio que en psicología lo llaman “parada de pensamiento”. Se trata de que, cuando estés en ese maldito círculo, te digas de manera rotunda alguna palabra como ¡alto!, ¡para! o ¡stop! Se puede ampliar si se lleva una goma en la muñeca y al decir la palabra clave, se estira la goma y se suelta para que impacte sobre nuestra muñeca. Una vez hecho, seguidamente nos relajaremos pensando en algún paisaje que nos calme. Debe ser siempre la misma escena. Al hacerlo durante unos segundos, podremos volver a la calma, y reduciendo la activación saldremos del bloqueo. Respirar de forma profunda antes, durante y después de la situación que nos altera hará asimismo que podamos ya no solo prevenir el bloqueo, sino también, de producirse, escapar de él.

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