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Cómo actúa la fobia social en los niños

Un 12 por ciento de los niños y adolescentes que se autoproclaman tímidos padecen en realidad fobia social, un miedo irracional al contacto social que va mucho más allá de la timidez y que puede repercutir en otros ámbitos de la vida del pequeño, como por ejemplo el rendimiento académico. Hay que estar atentos a si: su timidez va acompañada de ataques de ansiedad. Huye, no sólo del contacto social, sino también de los espacios abiertos (agorafobia). Muestra aptitudes muy deficientes para estudiar, para tratar con su familia o para relacionarse con otras personas.

Ante este trastorno, la intervención de un especialista es absolutamente necesaria. Puede haber un tratamiento farmacológico bajo prescripción médica; sin embargo, hay que tener mucha prudencia: dicho tratamiento es diferente al que se daría a una persona afectada de ansiedad o depresión. Además, no en todos los casos es la forma correcta de abordar este grave problema.

El trastorno de fobia social es muy limitante. No tratarlo a tiempo, especialmente en el caso de los niños, puede conllevar consecuencias graves en el futuro. La prevalencia del trastorno está distribuido de forma más o menos uniforme entre chicos y chicas. Lamentablemente, de ellos, un porcentaje casi marginal recibe algún tipo de atención profesional, por lo cual es fundamental concienciar a las familias de la existencia de este problema para tratarlo a tiempo y no condenar a nuestros hijos a una existencia limitada al alcanzar la vida adulta.

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Cómo suelen afrontar la fobia social los afectados con este trastorno de ansiedad

Hay una gran diversidad de maneras de afrontar la fobia social, aunque mayormente están las siguientes: primero, los que no acuden a terapia alguna (¡gran error!), los que siguen un tratamiento con antidepresivos y ansiolíticos, aquellos otros que practican terapias alternativas de relajación o el psicoanálisis y los que son tratados con la que actualmente parece el método más efectivo, la terapia cognitivo conductual.

En todos los casos la ansiedad social implica graves dificultades para llevar a cabo actividades normales en la sociedad actual, tales como asistir a una reunión, comer en público, hablar por teléfono, acudir a una fiesta

El grado de inhibición ante estas actividades sociales es lo que determina la intensidad de la ansiedad social, que en los casos más graves deriva en completo aislamiento del entorno y casi la imposibilidad de salir del hogar (fobia social extrema), así como síntomas asociados tales como la depresión.

Los que padecen fobia social son capaces de realizar muchas actividades, pero el nivel de ansiedad es tan elevado que terminan aislándose porque se les hacen insoportables. Se encuentran muy solos, se bloquean y ponen nerviosos y los otros pueden incluso pensar que son unos prepotentes. Es muy habitual que sientan miedo al futuro, tanto por razones laborales, ya que muchos de ellos tienen dificultades para acceder al mercado de trabajo, como en el terreno afectivo por la carencia de relaciones sociales necesarias para iniciar un proyecto en común de pareja.

La ansiedad social y el amor: La enorme dificultad de encontrar pareja para un fóbico social

Disfrutar de otras personas, de su conversación y de su compañía se entiende como algo connatural a los seres humanos, pero para alguien que padece fobia social es complicadísimo, incluso imposible a lo largo de toda una existencia, pues hacer lo que se supone que toda la gente puede realizar por el simple hecho de haber nacido y ser persona: relacionarse con los demás, no es factible. Así, el sentimiento consiguiente que les llega es sentirse que son seres humanos, sí, pero defectuosos, y esto les hunde todavía más en una insondable agonía. Toda persona necesita ser querida, sentirse valorada, deseada, entendida. Los fóbicos sociales, obviamente, también. El amor es maravilloso, pero como igualmente es extremadamente complicado de alcanzar, como es algo que hay que trabajarlo día a día, que implica tener capacidad de autocrítica, comunicación, entendimiento, negociación… para gente que carece de las habilidades sociales adecuadas para ello es todavía más dificultoso.

Una persona con fobia social siempre está pensando si su conducta es adecuada o no, si se percibe su ansiedad. Es lo que se conoce como distorsiones cognitivas. No se perdonan la ansiedad y atribuyen sus pensamientos a los otros, es decir, los proyectan. Tanto la psiquiatría como la psicología hacen hincapié en que un afectado con trastorno de ansiedad social puede salir adelante si reconoce su problemática y se esfuerza por poner en práctica las herramientas y destrezas que aprende en terapia donde, primero, se aborda la parte intrapersonal del individuo: que se conozca a sí mismo, trabaje su autoestima y gestione las emociones que le bloquean. Después, se centrarán en entender a los otros y cómo aprender a relacionarse de manera propicia. La primera parte se lleva a término en sesiones individuales, la segunda en dinámicas grupales donde mejoran la comunicación verbal y no verbal, aprenden a cómo iniciar conversaciones, etcétera… Los fármacos no suelen ser tan eficaces.

Un coordinador se suele encargar de dinamizar esos grupos, así como de organizar y convocar las actividades presenciales: paseos por la ciudad, tertulias de café, asistencia a actos culturales, actividades deportivas… Entre los beneficios que un afectado puede conseguir: destacar que le ayudará a percibirse como parte de un grupo y como una persona más valiosa al poner sus capacidades a disposición de los demás, así como a relacionarse con otras personas, a dialogar y sentirse comprendido, a abrirse y a coger valor para intentar conocer a otros incluso fuera de esos grupos, y quién sabe…

Sí, el amor es bonito a la par que complicado, puede hacernos felices e infelices, pero es innegable que es parte de nuestro proceso vital como personas. Perdérselo es perderse una parte importante de este viaje que es la vida. ¿Por qué no intentarlo?

Temor a ser rechazado

La ansiedad social es un torpedo directo a la línea de flotación de una persona que impide que esta pueda alcanzar unas relaciones sociales buenas tanto en el trabajo como personales, lo que se sabe es la llave fundamental de la satisfacción y la felicidad.

El tipo de personalidad más predispuesto a padecer fobia social se asocia con individuos muy sensibles a la crítica negativa, con una autoestima baja, dificultades para la autoafirmación, miedo al rechazo y tendencia a la interpretación de las situaciones sociales como amenazantes. A veces, los entornos de sobreprotección en la infancia no favorecen el desarrollo de habilidades sociales ante situaciones estresantes; es por eso que la vida social se percibe como angustiosa. El miedo es irracional y desproporcionado a la situación y así lo asumen los propios protagonistas, aunque ser conscientes no les sirve para hallar la calma.

Lo invalidante que puede llegar a ser la ansiedad social y el curso crónico que traza si no se interviene a tiempo hace que su tratamiento sea algo muy importante. Cuanto más pronto se afronte habrá más posibilidades de que mejoren los síntomas. Se ha comprobado que la exposición a las cosas que generan el temor unido a trabajo con los pensamientos asociados y entrenamiento en relajación son efectivos. El tratamiento grupal proporciona la posibilidad de contar con el apoyo del grupo que funciona como impulsor de la motivación y el compromiso en cumplir las distintas tareas que el especialista mande. A su vez, permite ensayar y exponer progresivamente al afectado en un entorno seguro. El entrenamiento en habilidades sociales es un complemento útil que puede contribuir a aumentar la autoestima.

¿Se puede luchar contra la fobia social con el uso de la realidad virtual?

Los fóbicos sociales experimentan ansiedad, timidez y vergüenza al estar con otras personas. Les cuesta hablar con otros a pesar de querer hacerlo. Tienen temor a ser juzgados. Evitan sitios o se preocupan con mucha anticipación ante un evento frente a otras personas. Sudan, se sonrojan, tiemblan, tienen náuseas o dolor de estómago ante otros. Tienen dificultad para tener o conservar amigos… Durante los últimos años ha surgido una nueva manera de combatir este grave trastorno basado en la mezcla de la realidad virtual con la realidad aumentada. El objetivo es aprovechar las nuevas tecnologías para generar un entrenamiento de exposición para personas que tienen dificultad con la interacción social, pues a diferencia de una fobia específica, como el miedo a la arañas o a volar, la social afecta directamente el comportamiento de las personas en situaciones que son decisivas. Como parte de la ayuda, esta solución propone enfrentarse a la fobia por medio de dos modos de terapia: primero cuando la persona se expone a lo que le da miedo, a interactuar socialmente con la imaginación, con un moderador comentando la situación a la que se enfrenta. Segundo cuando el afectado se enfrenta a la situación en vivo y en directo. La virtualidad ofrece caminos de exposición controlados que permite que los fóbicos sociales puedan asimilar sus temores con procesos de exploración inmersiva mediante el uso de visores estereoscópicos. La experiencia tiene la apariencia total y simula la realidad. La primera fase es virtual, la segunda ya incluye a una persona, se utiliza la tecnología pero en menor proporción y en la tercera fase hay más personas y nada de tecnología. La idea es ir quitando poco a poco la tecnología hasta que desaparezca y ya quede en una última fase lo que es pura y llanamente la interacción en vivo. No obstante, por lo general, la fobia social se trata con psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambos, pero nuevas herramientas nunca estarán de más.

Terapia de exposición para combatir la ansiedad social

Los afectados de fobia social suelen sentir mucha ansiedad al estar con otras personas lo que les provoca preocupación durante días o incluso semanas antes de acudir a un evento en público, dificultades a la hora de hablar, temblores, sudores e incluso malestar estomacal y náuseas.

Generalmente, toda reacción de ansiedad conlleva una reacción física (aumenta la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria o la tensión muscular, entre otras), unas respuestas cognitivas (inseguridad, temor, aprensión, malestar psicológico, pensamientos negativos sobre uno mismo y su actuación o sobre lo que los otros puedan pensar de mí, dificultad para tomar decisiones, etcétera) y unas respuestas motoras (comer en exceso o ganas de fumar, necesidad de beber alcohol, tartamudeo o movimientos repetitivos).

Para establecer un correcto tratamiento de la fobia social es necesario determinar los síntomas con ayuda de un buen médico. Habitualmente, el afectado no suele asumir su problema ni consultarlo con un profesional. Por esta razón, la evolución normal es que el trastorno se vuelva crónico. En estos casos, existe el riesgo añadido de que el paciente desarrolle depresión, abuse de sustancias como las bebidas alcohólicas o las drogas y se aísle socialmente.

La terapia cognitiva-conductual es muy apropiada para tratar la ansiedad social. Esta técnica muestra a la persona diversas formas de comportarse, pensar y reaccionar ante distintas situaciones con el objetivo de ayudarla a sentirse menos ansiosa. Por su parte, la terapia de exposición también puede auxiliar a combatir esta fobia. Así, el paciente se aventura a situaciones temidas (al comienzo solamente con la imaginación y más adelante, a medida que se consiguen éxitos y se va ganando seguridad, en la vida real). La finalidad es permanecer en dicha situación tanto tiempo como sea necesario hasta que el miedo disminuya. Es importante que el afectado sea consciente de que no existe ningún motivo para que se presenten los síntomas.

Evitar este tipo de trastornos así como los síntomas asociados es muy complicado pero pueden ayudar a ello las medidas que mejoren la autoestima. Además, el entrenamiento en destrezas sociales puede ser de gran utilidad. Variaciones en el estilo de vida igualmente pueden favorecer a prevenir o superar la fobia social, por ejemplo, un horario programado de las comidas, el ejercicio físico regular, evitar el consumo de cafeína y dormir bien.

Por qué soy fóbico social

Investigaciones recientes dicen que la ansiedad social puede sobrevenir como consecuencia de un desequilibrio químico en el cerebro, el cual surge por una distribución anormal de ciertas sustancias químicas (serotonina, dopamina, noradrenalina o GABA) a través de las neuronas o células cerebrales. Esta distribución anómala haría que el fóbico social sienta miedo por todo, mientras que otras personas solamente lo hacen en determinadas situaciones.

Existe evidencias de que también hay factores genéticos involucrados, aunque se desconoce todavía con seguridad por qué algunas personas la desarrollan y otras no. Asimismo pueden influir causas sociales o ambientales tales como una educación muy exigente, rechazo en la infancia por parte de compañeros de escuela, experiencias traumáticas vividas en el pasado o un ambiente familiar sobreprotector.

Tanto las mujeres como los hombres tienen la misma probabilidad de desarrollar este trastorno, el cual normalmente se inicia en la infancia o al comienzo de la adolescencia. La persona con ansiedad social suele tener una baja autoestima. Habitualmente, se autoexige demasiado y es muy vulnerable ante las opiniones de los otros.

Por qué es importante difundir los síntomas y características de la fobia social

Porque el alto desconocimiento que tiene gran parte de la población sobre esta enfermedad lleva a que este trastorno esté subdiagnosticado y subtratado. Además, la falta de ayuda generalmente provoca que acabe por convertirse en un cuadro crónico con una alta prevalencia. En muchos casos desencadena síntomas depresivos y suele estar asociada con otros trastornos psiquiátricos. Es por este motivo que resulta primordial difundir sus síntomas y características entre la población para promover la posibilidad de un diagnóstico y tratamiento tempranos, que resulta vital para su superación.

Se trata de un trastorno caracterizado por generar un temor intenso ante la posibilidad de ser evaluado negativamente por otras personas o a hacer el ridículo en público. Quienes padecen fobia social poseen un fuerte deseo de agradar al tiempo que tienen la sensación de carecer de recursos para conseguirlo y desarrollar nuevas relaciones. Por ello, se sienten ansiosos cuando interactúan con desconocidos. Se manifiesta generalmente en plena adolescencia, aunque también se pueden detectar rasgos de ansiedad social en el temperamento desde la infancia. Sus consecuencias pueden afectar todas las áreas de la vida de una persona. Y si bien puede persistir a lo largo de la vida, también puede presentarse una remisión total o parcial al llegar a la edad adulta.

Asistir a reuniones sociales, rendir en exámenes orales, dar exposiciones, participar en clase o hablar en público son actividades que generan mayor o menor ansiedad a todo el mundo. No obstante, para otras representan un muro infranqueable, verdaderas pesadillas que causan miedo, estrés y ansiedad. Como consecuencia, les resulta extremadamente difícil enfrentarse a estas situaciones y acaban paralizadas: temblores, palpitaciones, mareos, la mente en blanco… Igualmente, intentan ocultar estos síntomas porque les resultan vergonzantes. Incluso evitarán el contacto con desconocidos para no tener que sufrir la ansiedad que les produciría tener que conversar con ellos.

Cómo acudir a una fiesta si sufro fobia social

“Soy un aburrido, nadie me encuentra atractivo…”. La fobia social es el miedo a situaciones que nos obligan a interactuar con otros. A ese tipo de pensamientos (y muchos más) que entrecomillamos hay que añadir que, además, no solo nos aturden sino que nos causan sudoración, palpitaciones, la boca se queda seca, etcétera. La gran mayoría de afectados necesitan ayuda profesional pero si todavía no te has decidido acudir a un especialista, aplícate estos consejos para intentar amortiguar la situación y tratar de pasártelo bien a pesar de todo, porque huir de ese tipo de experiencias no es el mejor remedio para mejorar nuestra vida. Así que la primera recomendación es resistir la tentación de cancelar. Es lo más sencillo, y habitual, mandar un mensaje y decir que nos ha surgido un compromiso y que no podremos asistir. Probablemente se sentirá un alivio inmediato después de hacerlo pero todo esto solamente servirá para reforzar la necesidad de evitar esos compromisos e irá creándonos un mundo cada vez más chiquitito. Además de que los síntomas acabarán empeorando si nos aislamos. No importa cómo nos sintamos, hay que ir a esa fiesta. Mientras más situaciones sociales enfrentemos más cómodo nos sentiremos en ellas. Para forzarnos a ir podemos probar a invitar a alguien cercano que nos ayude a pasar mejor el trance.

Ve dispuesto y ensayado para empezar conversaciones. Las personas con fobia social suelen temer no encontrar a nadie para hablar o no ser capaces de entablar una conversación real. Lo mejor es tener en mente algunos tópicos para seguir una charla o, incluso, para comenzarla. Por ejemplo, una buena serie de televisión, un tema no demasiado conflictivo, o algo que te guste y que domines.

Hazte el firme propósito de hablar con al menos tres desconocidos. Ir a un evento y hablar tan solo con la persona que conoces no ayudará a combatir y vencer la ansiedad. Hay que sobreponerse y proponerse charlar con personas nuevas al menos cinco minutos con cada uno de ellas.

No bebas mucho ya que aunque pueda parecer que el alcohol nos abre y que superamos el miedo en menos tiempo, lo que de verdad pasa es que cada vez necesitaremos más bebida para alcanzar ese estado de sociabilidad porque el cuerpo se habituará y creará tolerancia al alcohol. Podemos encima comenzar a tener otro tipo de problemas en las fiestas y que nos dejen de invitar. La culpa vendrá provocada por beber pero nuestra ansiedad nos dirá que es por nuestra forma de ser y eso no ayudará a que mejoremos con la fobia social.

Si en medio de la fiesta nos sentimos abrumados, hay que sentarse tranquilamente y esperar a que se nos pase. La ansiedad no nos va a matar y los síntomas durarán alrededor de un cuarto de hora. Saberlo ayudará a poner la ansiedad en perspectiva y relativizar el mal estado en que nos hallemos.

Los niveles de serotonina en la ansiedad social (últimos estudios)

Mucha gente se pone nerviosa si ha de hablar delante de público o socializar con los otros. Si esta ansiedad se convierte en una discapacidad, puede significar que la persona sufre fobia social, y entraríamos de lleno en un trastorno psiquiátrico. Sobre la base de análisis previos, se pensaba que las personas con esta fobia tenían muy poca serotonina y que los compuestos de ISRS (medicamentos habitualmente usados en su tratamiento) elevaban la cantidad de serotonina disponible. Sin embargo, nuevos descubrimientos indican que un exceso de serotonina es parte de la razón subyacente. La serotonina puede aumentar la ansiedad y no disminuirla, como previamente se asumía a menudo. Este hallazgo es un gran paso hacia adelante en lo que respecta a la identificación de los cambios en los mensajeros químicos del cerebro en las personas que sufren de ansiedad social. Investigaciones anteriores han demostrado que la actividad nerviosa en la amígdala es mayor en las personas con fobia social y, por lo tanto, ese centro del miedo del cerebro es más sensible. Así, encontraron que los pacientes con fobia social producen un exceso de serotonina en una parte del centro del miedo en el cerebro, la amígdala. Una célula nerviosa envía señales usando la serotonina. Primero libera serotonina en el espacio entre las células nerviosas. La señal nerviosa surge cuando la serotonina se une a la célula receptora. La serotonina es liberada después desde el receptor y se bombea de nuevo a la célula original. Las personas con fobia social no sólo producirían más serotonina que las que no tienen un trastorno de este tipo, sino que también bombean más serotonina. Se sospecha que es un intento de compensar el exceso de serotonina activa en la transmisión de señales.

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